La tecnología web ha evolucionado rápido para adaptarse al auge de la era móvil. En ese contexto, las Web Apps han cambiado la forma en que consumimos información, trabajamos y usamos internet, tanto en lo laboral como en lo personal.
¿Qué son las Web Apps?
Hasta hace no tanto, para usar una aplicación había que instalarla o ejecutar un archivo almacenado en el propio dispositivo. Las Web Apps funcionan de otra forma: no se almacenan localmente, sino que viven en un servidor y se ejecutan directamente desde el navegador — por eso necesitan conexión a internet para funcionar. Normalmente se desarrollan con HTML, JavaScript, CSS y PHP.
Tipos de aplicaciones web más comunes
Aplicación web estática: muestra información que el usuario no puede modificar, basada principalmente en HTML y CSS.
Aplicación web dinámica: interactiva, permitiendo modificar partes del diseño o del contenido — aquí cobran protagonismo PHP y JavaScript junto a HTML y CSS.
Tienda virtual / ecommerce: permite comercializar un catálogo de productos, con pasarela de pago incluida.
Portal web app: intranets, extranets o entornos privados a los que se accede con usuario y contraseña.
Aplicación web animada: muestra información a través de paneles animados — antes con Flash (hoy obsoleto), ahora sobre todo con CSS y SVG.
Aplicación con gestor de contenidos: pensadas para actualizarse con frecuencia, con un panel de gestión fácil de usar — las plataformas hechas con WordPress, Drupal o Joomla entran en esta categoría.
Elegir el tipo de web app adecuado para cada proyecto conviene hacerlo con un equipo que analice bien las necesidades reales antes de empezar.
Ventajas de las Web Apps
Escalabilidad. Se pueden ir añadiendo funciones nuevas de forma progresiva y sencilla.
Seguridad. La información se guarda en la nube, no en discos físicos, evitando el riesgo de pérdida por fallo del dispositivo, robo o virus — los servidores hacen copias de seguridad frecuentes para garantizar la integridad de los datos.
Facilidad de uso. Al ser desarrollos a medida, suelen tener interfaces pensadas para ser intuitivas, y son menos propensas a bloquearse por conflictos con el hardware local.
Adaptación a cualquier dispositivo. Con diseño responsive, se ven bien en ordenador, tablet o móvil, y son accesibles desde cualquier sistema operativo (Windows, Mac, Linux, Android, iOS).
Accesibles desde cualquier lugar. Favorecen mucho el trabajo colaborativo y remoto, ya que varios usuarios pueden consultar y modificar la información simultáneamente desde ubicaciones distintas.
Velocidad. Al ejecutarse desde internet y no depender del hardware local, suelen ser más ágiles, usando los recursos del servidor contratado en vez de los del equipo del usuario.
Ahorro de costes. Su desarrollo suele ser menos complejo y más ágil que el de una app nativa o un software de escritorio tradicional, reduciendo tiempos y coste final. Además, no necesitan pasar por tiendas de apps como Google Play o App Store — basta con un enlace directo, sin coste añadido.
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